Durante seis años, el ascenso y descenso estuvo suspendido. Ahora el senador Clemente Castañeda, de Movimiento Ciudadano, lo lleva a la tribuna como si hubiera encontrado la gran urgencia del deporte mexicano. La escena tiene todos los ingredientes del populismo: una consigna fácil de aplaudir, un culpable conveniente y una promesa que cabe en un titular. Lo que falta es explicar quién pagará los costos y quién recogerá las ganancias.

Porque el futbol mexicano tiene problemas que no desaparecen por decreto. Hay clubes con finanzas frágiles, futbolistas que necesitan mejores condiciones laborales, fuerzas básicas que requieren inversión, futbol femenil que merece recursos y comunidades sin espacios dignos para practicar deporte. ¿Dónde estaba esta urgencia legislativa para atender todo eso? ¿Por qué la prioridad del Senado aparece justo en una disputa que también puede aumentar el valor de franquicias, patrocinios y derechos comerciales?

No se trata de defender a los dueños de Primera División ni de negar que el sistema necesite cambios. Se trata de preguntar por qué Movimiento Ciudadano eligió ésta, entre tantas necesidades deportivas, para montar una causa política. Si los clubes de Expansión podrían beneficiarse económicamente, sus intereses también deben examinarse. ¿Cuánto dinero recibieron durante la suspensión del ascenso? ¿Cuánto invirtieron sus propietarios? ¿Qué contratos mejorarían si sus equipos pudieran llegar a Primera?

Castañeda puede hablar de mérito deportivo. Pero usar esa expresión no construye estadios, no paga nóminas y no vuelve solvente a un club. Tampoco sustituye una explicación seria de su propuesta. Anunciar desde el Senado que se resolverá el ascenso y descenso, sin mostrar cómo funcionaría y a quién beneficiaría, es hacer política con la frustración de los aficionados.

El gobierno y los legisladores han tenido años para impulsar una política deportiva amplia. Que ahora aparezcan los reflectores sobre este negocio obliga a una pregunta incómoda: ¿por qué hubo tan poca prisa por atender las demás carencias del deporte y tanta disposición para intervenir cuando hay franquicias y contratos en juego?

Antes de venderse como salvador del futbol, Castañeda debe poner sobre la mesa la iniciativa completa, sus costos, los convenios de apoyo a los clubes y los posibles beneficios comerciales. De lo contrario, Movimiento Ciudadano habrá convertido un problema real en lo que mejor sabe producir la política: aplausos inmediatos y respuestas pendientes.

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